¿Ruidos y fiestas vecinales? Vivir en comunidad tiene sus ventajas: compañía, seguridad y la posibilidad de pedirle al vecino un poco de sal. Pero también tiene sus desventajas, y entre ellas, el ruido ocupa el puesto número uno en la lista de conflictos vecinales. Porque si hay algo más persistente que los anuncios de YouTube, es el vecino que decide montar un karaoke o una fiesta de cumpleaños en casa.

Si te sientes identificado, tranquilo, en La que se avecina te explicamos cómo gestionar los conflictos por ruido con tus vecinos sin perder la paciencia ni la cordura.

Tips para sobrevivir a los ruidos y fiestas vecinales

La normativa. ¿Qué dice la ley sobre el ruido? Antes de lanzarte a la batalla con tu vecino, es importante conocer las reglas del juego. La mayoría de las ordenanzas municipales establecen que el horario de descanso nocturno suele ser de 22:00 a 8:00, aunque puede variar según la localidad. Además, si el ruido supera los 35 decibelios de día o los 30 de noche, puede considerarse una infracción. Para que te hagas una idea, 30 decibelios es el sonido de un susurro o una conversación suave y 120 es tu vecino cantando con auto-tune.

¿Cómo hablar con el vecino ruidoso sin que termine en tragedia? A veces, la mejor solución es la más simple: hablar. Pero ojo, hay que hacerlo bien. Lo primero es elegir el momento adecuado. No vayas a quejarte cuando aún suena la música a todo volumen. Mejor espera al día siguiente, cuando los protagonistas estén de resaca. En segundo lugar, ten un tono diplomático. «Oye, sobre la fiesta de anoche… ¿podemos hablar de los límites del sonido y del buen gusto musical?» Por último, propón soluciones, es mejor que quejarse. Por ejemplo, «Si vas a poner música alta, quizás puedas insonorizar la sala o usar auriculares» (aunque todos sabemos que no lo hará).

Plan B: La vía legal. Si el vecino sigue con su festival particular cada fin de semana, toca tomar medidas más serias. Tocará avisar a la comunidad. Habla con el presidente o administrador de la finca para que actúe como mediador. Denuncia al ayuntamiento. Muchas ciudades tienen un teléfono de quejas por ruido. Un inspector puede medir los decibelios y poner una sanción si es necesario. Si el ruido es inaguantable y a horas intempestivas, llama a la policía para que una patrulla pueda hacer acto de presencia y recordar a los fiesteros que la fiesta se debe acabar.

Estrategias de supervivencia si todo falla

Si has agotado todas las opciones y tu vecino insiste en hacer de tu vida un infierno, considera estas alternativas:

  • Tapones para los oídos. No solucionan el problema, pero al menos podrás dormir.
  • Ruido contra ruido. ¿Tu vecino pone la música a todo volumen? Responde con más música desde primera hora de la mañana.
  • Mudanza. Si nada funciona y la situación es insostenible, quizás sea momento de buscar un hogar más tranquilo.

La convivencia en comunidad no es fácil, y los problemas de ruido pueden ser una auténtica pesadilla. Pero con un poco de paciencia, comunicación y, si es necesario, intervención legal, puedes recuperar la paz en tu hogar.